En el mundo corporativo, el liderazgo suele asociarse con visibilidad, discurso y presencia, normalmente se premia al ejecutivo enérgico, al comunicador eficaz, al dictatorial que domina la sala. Recientemente leí un interesante libro: Capitanes de Sam Walker el cual replantea esta lógica: los equipos más dominantes y sostenibles en el deporte y por extensión, en las organizaciones, no son impulsados por líderes espectaculares, sino por líderes profundamente consistentes en sus valores y que conectan con sus equipos de trabajo.
Nombres como Tim Duncan, Bill Russell, Carles Puyol, Yogi Berra, Didier Deschamps, Carla Overbeck y Richie McCaw, destacan entre más de 1,200 capitanes que Walker estudió minuciosamente a través de metodologías complejas de investigación, encontrando un patrón que desafía los modelos tradicionales de liderazgo. Detrás de cada equipo extraordinario había un tipo de líder poco visible, al que denomina el Capitán Escondido, una figura que rara vez ocupa el centro de la escena, pero que resulta decisiva en los momentos críticos.
Trasladado al ámbito corporativo, este liderazgo se manifiesta de forma clara mostrando las siguientes características:
- Mantiene la estabilidad emocional del equipo bajo presión.
- Establece estándares de comportamiento más altos que cualquier política formal.
- Prioriza el resultado colectivo sobre el reconocimiento personal.
- Toma decisiones difíciles cuando el contexto lo exige, aun a costa de su popularidad.
Este tipo de liderazgo no se basa en la autoridad jerárquica ni en la retórica autoritaria, sino en su impacto cultural, construyendo confianza, cohesión y resiliencia, tres activos críticos en entornos corporativos y deportivos complejos, volátiles y altamente competitivos.
La reflexión final es inevitable. Muchas organizaciones invierten enormes recursos en desarrollar líderes visibles, pero dedican poco esfuerzo a identificar y potenciar a aquellos que sostienen la cultura desde dentro, siendo estos líderes, diferentes, reflexivos y consistentes, los que verdaderamente transforman a largo plazo.
Tal vez el desafío más relevante del liderazgo corporativo actual y de cualquier equipo deportivo de alto nivel, no sea formar más figuras protagónicas, sino aprender a reconocer y valorar a quienes lideran con sacrificio, pensando siempre en el bien común pero con un impacto profundo y duradero en la organización.



